Por: Elvin Lugo | Lugo Media ©

¿Por qué Klaus Schwab, el autoproclamado arquitecto del globalismo moderno, fue abruptamente apartado de la dirección del Foro Económico Mundial después de más de 55 años al mando?
La respuesta es explosiva: su propio personal filtró información interna que expuso años de corrupción, lujos y mentiras dentro del WEF.
Schwab no renunció por cansancio. Fue obligado a irse.

Un grupo de empleados entregó una carta interna que revelaba cómo Schwab trataba al Foro Económico Mundial como su propio imperio privado:
Enviaba a empleados junior a retirar miles de dólares en efectivo para gastos personales. Cargaba masajes de hotel y gastos de lujo a las cuentas de los donantes. Disfrazaba vacaciones personales de “viajes de negocios”.
Uno de los escándalos más graves:

Schwab y su esposa habrían convertido una villa de 50 millones de dólares —propiedad del WEF y financiada con donaciones— en su retiro personal de lujo, bajo la fachada de un “centro de conferencias”.
Todo esto, mientras predicaba al mundo que debíamos comer insectos, renunciar a nuestros automóviles, y “no poseer nada y ser felices”.
Durante la pandemia de COVID-19, Schwab vio una “ventana de oportunidad” para acelerar sus planes de control global.
Promovió:
Confinamientos masivos. La implantación de identificaciones digitales obligatorias. El fortalecimiento de los bancos centrales y organismos supranacionales. La erosión de las soberanías nacionales en favor de un “gobierno global”.

Estos planes fueron encapsulados en su infame propuesta: “The Great Reset” —un plan para transformar la economía, la política, la vida privada… y hasta la propia identidad del ser humano, a través de la fusión entre tecnología e inteligencia artificial.
Y no es conspiración: Schwab escribió abiertamente sobre todo esto en sus libros, donde incluso habló del uso futuro de microchips implantables para modificar la conducta humana.
La destitución fue brutal.
El Consejo del WEF convocó una reunión de emergencia el domingo de Pascua. En cuestión de horas, Schwab fue forzado a presentar su renuncia, efectiva de inmediato.
Sin agradecimientos, sin homenajes, sin despedidas.
¿Te enteraste de esto en los grandes medios? No. Están encubriéndolo.
La salida de Schwab no solo marca la caída de un hombre, sino una grieta en todo el edificio de Davos.
El mito de la “invencibilidad globalista” se está desmoronando.
Schwab construyó durante décadas una red de multimillonarios, magnates tecnológicos y líderes políticos no electos que dictaban políticas globales sin votos, sin debates, sin el consentimiento de los pueblos.
Hoy, ese imperio está temblando.
Factores que precipitaron esta caída:
El resurgimiento de movimientos populistas en todo el mundo. La elección de Donald Trump en EE.UU., Giorgia Meloni en Italia, Javier Milei en Argentina y Viktor Orbán en Hungría. La creciente resistencia de las naciones frente a las imposiciones de Davos.
Schwab planeaba retirarse en 2027.
Pero las filtraciones internas adelantaron su caída. No pudo aguantar. No pudo esconderlo.
¿Qué nos enseña esto?
Que los globalistas no son invencibles.
Que sus planes pueden ser expuestos.
Y cuando son expuestos… huyen.
¿Pero podemos relajarnos? No.

El nuevo presidente interino del WEF es Peter Brabeck-Letmathe, ex-CEO de Nestlé, famoso por haber declarado que el agua no debería considerarse un derecho humano, sino un producto de mercado.
Es decir, estamos cambiando a un viejo globalista por otro aún más radical.
Conclusión
Klaus Schwab ha caído. Pero la lucha por la soberanía, la libertad y la verdad apenas comienza.
Si creemos en un mundo de pueblos libres y no de tecnocracias controladoras, debemos seguir alertas.


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