Hetty Green: La multimillonaria más tacaña de la historia


Por: Elvin Lugo | © Lugo Media


Hetty Green, conocida como “La Bruja de Wall Street”, pasó a la historia no solo por su increíble habilidad para los negocios, sino también por su extrema tacañería. Nacida en 1834 en Massachusetts, Estados Unidos, Hetty fue la única hija de un acaudalado empresario ballenero y una madre perteneciente a la alta sociedad cuáquera. Desde joven, Hetty demostró un gran interés por el dinero, leyendo informes financieros y ayudando a su padre en la gestión de sus negocios.

Cuando su padre falleció en 1865, Hetty heredó una fortuna de 7.5 millones de dólares, lo que hoy equivaldría a más de 150 millones. A esto se sumó una herencia adicional de su tía, aunque Hetty tuvo que luchar en los tribunales para recibirla, pues su familia la acusaba de manipular el testamento. Con este capital, Hetty se mudó a Nueva York y comenzó a invertir en Wall Street, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en dominar el mundo financiero. Se estima que llegó a amasar más de 2,300 millones de dólares ajustados a la inflación actual.

Una vida marcada por la avaricia

A pesar de su fortuna, Hetty Green llevó una vida de extrema frugalidad. Vestía siempre de negro, usando el mismo vestido hasta que estaba completamente gastado, y cosía su propia ropa interior desde los 16 años, evitando comprar nuevas prendas hasta su muerte. Vivía en alojamientos baratos y comía alimentos económicos, como pasteles de dos centavos o galletas rotas que conseguía en tiendas de comestibles.

Hetty evitaba cualquier gasto innecesario, incluyendo el uso de agua caliente. Para ahorrar, solo se lavaba las manos y la cara, lo que contribuyó a su fama de mujer excéntrica y descuidada. Aunque era millonaria, su mentalidad de pobreza la llevó a decisiones tan extremas como regatear por huesos para su perro o discutir durante horas para obtener descuentos insignificantes.

Historias impactantes

Uno de los episodios más chocantes de su vida ocurrió cuando su hijo, Edward (“Ned”) Green, se rompió una pierna. Hetty, en lugar de pagar por atención médica inmediata, insistió en buscar opciones gratuitas o más económicas. La demora provocó una gangrena que finalmente obligó a amputar la pierna del joven. Este acto quedó grabado como una de las mayores pruebas de su tacañería.

Otro incidente notable fue el de su muerte en 1916. Hetty sufrió un derrame cerebral mientras discutía con su sirvienta, quien le había pedido un aumento de sueldo. En su último aliento, la avaricia de Hetty quedó plasmada en su negativa a gastar un solo centavo más.

Su legado

Aunque Hetty fue conocida por su avaricia, su habilidad para los negocios es innegable. A través de inversiones estratégicas en bienes raíces, bonos del gobierno y acciones ferroviarias, Hetty multiplicó su riqueza inicial muchas veces, asegurando un lugar como una de las mujeres más ricas de la historia de Estados Unidos. Fue inscrita en el Libro Guinness de los Récords como “la persona más tacaña del mundo”, un título que, hasta hoy, nadie ha podido disputar.

Sin embargo, su avaricia no se transmitió a sus hijos. Sylvia, su hija, usó parte de la fortuna heredada para construir un hospital gratuito y realizar otros actos filantrópicos. Su generosidad contrasta profundamente con la vida austera de su madre, dejando un legado más humano para la familia Green.

Reflexión final

La historia de Hetty Green nos deja una pregunta profunda: ¿de qué sirve acumular tanto si no se está dispuesto a usarlo, especialmente para ayudar a quienes más lo necesitan? Hetty tuvo los medios para aliviar el sufrimiento de su propio hijo y para marcar una diferencia en el mundo, pero su obsesión por ahorrar le impidió actuar incluso en emergencias.

En contraste, hay personas que, aun teniendo poco o nada, encuentran la manera de ser generosas, compartiendo lo poco que tienen con otros. Esto nos invita a reflexionar sobre nuestras propias prioridades: ¿cómo usamos lo que poseemos? ¿Estamos ayudando a quienes nos rodean o simplemente acumulando por acumular?

Si esta historia te hizo reflexionar, compártela en tus redes sociales y pregúntale a tus amigos: ¿qué harían ellos con tanta riqueza? ¿Serían capaces de actuar como Hetty Green o harían algo diferente? Dejemos que este relato inspire un debate sobre el valor de dar y la verdadera riqueza de nuestras vidas.

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