Por: Elvin Lugo | Lugo Media

La historia de Kayla Pollock es una tragedia de dimensiones desgarradoras y una ironía dolorosa que nos obliga a reflexionar sobre las decisiones médicas y las políticas de salud pública. Esta madre de 37 años de Ontario, Canadá, pasó de ser una mujer activa y saludable a vivir una pesadilla diaria, todo después de recibir un refuerzo de la vacuna contra el Covid-19.
Kayla tenía razones de peso para vacunarse. Como madre soltera y asistente educativa, además de ser inmunocomprometida y diabética tipo 1, sintió la presión de protegerse a sí misma y a su familia. Con su padre viviendo en un centro de cuidado a largo plazo, la vacunación también se volvió una necesidad para poder visitarlo.
Tras recibir las dos primeras dosis de Pfizer sin problemas, Kayla decidió recibir un refuerzo de Moderna el 11 de enero de 2022. Cuatro días después, sus piernas colapsaron, y nueve días más tarde, quedó paralizada del cuello hacia abajo. Fue diagnosticada con mielitis transversa, una inflamación de la médula espinal que interrumpe las señales nerviosas del cuerpo.
La respuesta médica a su situación fue, en muchos aspectos, tan perturbadora como la enfermedad misma. Al principio, los médicos desestimaron sus síntomas, sugiriendo que estaba “loca” y ordenando una consulta psiquiátrica. Solo después de una resonancia magnética se descubrió una gran lesión en su médula espinal, atribuida a la vacuna.
El golpe más duro vino después. Durante su hospitalización, Kayla fue ofrecida asistencia médica para morir (MAID) en dos ocasiones, una opción que rechazó rotundamente. La ironía de la situación es escalofriante: los mismos médicos que le administraron la vacuna que la paralizó, ahora le ofrecían la eutanasia como solución.

Kayla perdió todo lo que había construido. Su hogar, su empleo y la capacidad de criar a su hijo quedaron en el pasado. Ahora vive en un apartamento accesible para su silla de ruedas, dependiendo de la asistencia diaria para las tareas más básicas y luchando por obtener la compensación del Programa de Apoyo a Lesiones por Vacunas del gobierno federal.
A pesar de todo, Kayla sigue peleando. Un grupo llamado Veterans 4 Freedom ha iniciado una campaña en GiveSendGo para ayudarla a conseguir un perro de servicio que le proporcione asistencia y compañía en su difícil día a día.
La historia de Kayla no solo destaca la tragedia personal, sino también la inquietante realidad de las políticas de salud pública y la eutanasia en Canadá. Las leyes de MAID, originalmente destinadas para pacientes terminales, se han ampliado para incluir condiciones menos graves, y la presión sobre Kayla para aceptar esta opción es un reflejo alarmante de estas expansiones.
Esta situación debe servir como una llamada de atención para todos nosotros. La historia de Kayla Pollock nos recuerda que detrás de las estadísticas y las políticas, hay vidas humanas que pueden verse irreparablemente afectadas. Y nos obliga a cuestionar cómo las soluciones ofrecidas por el sistema pueden, a veces, agravar aún más las heridas que se supone deben curar.

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